María: escuchar y ponerse en camino

Iglesia de la comunidad

En el relato de la Anunciación hay un detalle que suele pasar desapercibido: María pregunta. No acepta sin entender ni se resiste por miedo. Pregunta, escucha la respuesta y entonces dice sí.

Ese orden —escuchar, discernir, decidir— es más exigente que la obediencia ciega y más fecundo que la duda permanente. Es la forma madura de responder a una llamada.

Lo que viene después es igual de concreto: «se fue deprisa a la montaña». Entre el sí y la acción no hay un periodo de espera. La disponibilidad se mide en kilómetros, no en intenciones.

Por eso en nuestras comunidades hablamos de María no solo como figura de devoción, sino como método de trabajo.

Escuchar significa, en la práctica, sentarse con la gente antes de proponer nada. En El Salvador, en Guatemala y en Costa Rica cada proyecto empezó con conversaciones largas y sin guion.

Guardar en el corazón significa no reaccionar a lo primero que se oye. Las necesidades urgentes y las necesidades profundas no siempre coinciden, y distinguirlas pide tiempo.

Ponerse en camino significa que al final hay un presupuesto, un calendario y alguien responsable. Sin eso, el discernimiento se convierte en una forma elegante de no hacer nada.

Y hay un cuarto momento, el de Caná: darse cuenta de lo que falta antes de que lo pidan. Esa atención es la que distingue acompañar de asistir.

La coronación de la imagen, en una de las comunidades visitadas.

La devoción a María que nos interesa no es la que se queda en la imagen, sino la que imita su manera de actuar: atenta, discreta y rápida cuando hace falta.

Si quieres rezar con nosotros, cada 13 de mayo y en las peregrinaciones de las comunidades hay un sitio para ti.